miércoles, 28 de mayo de 2014

LA DEPLORABLE EDUCACIÓN EN COLOMBIA

“Entre la silla eléctrica de un pabellón de la muerte y el pupitre de una escuela pública no hay ninguna diferencia. Juntas están hechas para lo mismo”.

La educación en Colombia siempre ha sido de carácter excluyente e incapaz de formar verdaderos seres humanos. Pues Justo cuando los niños comienzan a cuestionarse son llevados a la escuela donde, como si se tratara de un hospital psiquiátrico, se les suministran respuestas uniformadoras como fármacos contra la locura misma, cuyo principal síntoma es el acto de preguntar y cuestionarse. En otras palabras, y paulatinamente, hacen del ser humano un autómata.


Es verdad que antaño solo los ricos podían acceder a la educación y que hogaño las puertas de la escuela han sido abiertas también para los pobres. Sin embargo, esto no significa que ahora los pobres tengamos más oportunidades de crecimiento y realización, tanto profesional como personal, en pro de una mejor vida. Porque en el fondo del asunto, el aparato escolar público existe para perpetuar la brecha entre los que nacieron para dirigir (oligarquía) y los que nacieron para ser dirigidos (el pueblo). O mejor, para ser digeridos, como dijo en una ocasión el maestro Jaime Garzón.

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