miércoles, 4 de junio de 2014

MINORÍA DE EDAD, PAPÁ ESTADO Y LA CRISIS ECOLOGICA

Parte de nuestra percepción diaria y básica de la realidad, muestra que la basura desaparece de nuestro mundo con tan solo sacarla a la calle en una bolsa negra ciertos días a la semana. Sin embargo, la verdad es que la basura no desaparece, sino que se concentra masivamente en ciertos puntos “críticos” de la ciudad, por lo general a las afueras de la misma. Obviamente hasta el más obtuso de los hombres  sabe esto y es consciente de que así funcionan las cosas en materia de aseo público, tanto aquí -en Neiva- como en la Conchinchina, pero nadie reflexiona más allá de la acera.

Porque para el ciudadano común el problema de las basuras es su problema solo hasta el momento en el que saca su basura  a la calle, y de ahí en adelante deja esa responsabilidad en otras manos: las del estado. De ahí la gran falta de responsabilidad de nosotros para con la crisis ecológica que sufre el planeta; nuestro país, nuestra ciudad. Esta manera de actuar, pensar y ver las cosas hace que los ciudadanos caigamos en una suerte de infantilismo, es decir, en una conducta enajenada que evade siempre la culpabilidad respecto a ciertos asuntos sociales  responsabilizando de todo a la sociedad y el estado.

Lo mismo sucede con nuestros desechos corporales; accionamos la llave de la cisterna  y nuestros desechos desaparecen. Pero nadie se pregunta hacia donde van aquellos desechos, si llegarán a buen puerto o no. Solo la agrupación española de rock toreros muertos lo hizo en los años 80s con su canción mi aguatica amarilla. Pero aparte de ellos, nadie más. Ni siquiera en la cabeza de los más grandes intelectuales de la contemporaneidad ha cabido la idea de relacionar sus traseros con la actual crisis mundial.

La solución no está en hacer menos del cuerpo ni en consumir menos productos desechables. Sino en pensarse a sí mismo como parte del problema, en asumir responsabilidades y madurar como ciudadano, para de esta manera superar esa minoría de edad que justifica la dañina noción de papá estado. Como escribió Osho, aquel gran filósofo hindú, en su libro titulado Madurez: “Hasta que no hagas del océano tu mundo, seguirás atrapado en tu pequeño estanque”.



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