miércoles, 11 de junio de 2014

ARMONÍA, SONIDOS Y SILENCIOS EN LA CIUDAD


Todo lo que sucede en los espacios de la ciudad esta permeado por el sonido. No hay duda de la estrecha relación que existe entre este y las cosas que hacemos. Porque el devenir de lo cotidiano no es una construcción unidimensional, sino más bien el resultado de múltiples manifestaciones personales que juntas dan lugar al tejido que forma una sociedad.

En este sentido, el problema de la contaminación auditiva no se refiere tanto al ruido ni a aquello que resulta desagradable o dañino al oído, sino a la ausencia de silencio en nuestros espacios vitales: zona residencial, laboral, recreativa, etc.  Porque el sonido se convierte en contaminación no cuando sale de las formas convencionales de armonía, ritmo, tono… Sino cuando invade nuestros espacios de libertad. Es decir, no se trata de ruido sino de interferencia.

La filosofía oriental, a diferencia de la occidental, nos enseña a obrar en armonía según el azar, ya que controlar todo a nuestro alrededor es una tarea poco menos que imposible. Ni siquiera el estado está en la capacidad de controlar algo como los sonidos y los silencios que se producen en una ciudad. Porque eso significaría transgredir las libertades de sus ciudadanos.

Esto no significa que la producción de sonidos contaminantes sea imposible de controlar, o al menos de regular. Sino más bien que cada uno de nosotros esta en la capacidad de no hacer de sus propios sonidos la interferencia de otros.  

No hay comentarios.:

Publicar un comentario